Nada de ti... todo el viento se lo lleva

Escarcha en tus ojos,
luto en tus cabellos
y en tu rostro;
a jirones me arranco tu recuerdo,
pedazos de memoria al suelo,
al abismo macabro y negro
que abre sus fauces
y lo engulle todo.

Nada hay, nada queda,
y aunque tu mano gélida insista
en esbozar una esperanza en el aire,
todo, todo el viento se lo lleva.

Es tiempo de silencio

Es tiempo de silencio,
tiempo de lluvia que cae...
negro océano en los ojos;
tiempo hueco, abisal,
muda comparsa en el soplo del viento,
en la macabra pausa que suena
entre campana y campana;
tañer de muertos,
fúnebre hora,
siniestro instante,
¡Cerrad la lápida!
¡Asesinar los recuerdos!
Silencio y más silencio...
he muerto.

Los sueños, sueños son

Las palabras se las lleva el aire,
torbellino irreverente,
fauces sedientas de vacuas promesas...
por siempre, para siempre
y nunca jamás escrito con sangre.

El amor levita a dos palmos del infierno:
Niega, vampiro, niega.
¡Falacias, quimeras!
Ni luz en las tinieblas
ni sombras en el alba;
un beso te queda
cual telaraña ajada por el tiempo
en la más recóndita esquina
de tu fúnebre memoria.

Ilusión,
desilusión,
el vampiro sueña...
y los sueños,
sueños son.

Mejor muerta que contigo

Prefiero extraviarme en mi locura,
en la macabra incertidumbre
de caer al abismo, negro y frío;
prefiero mi tumba
y el satén lóbrego de mi ataúd,
la noche y sus cánticos de muerte,
el funesto son de las campanas al tañer,
funeral de los siempre olvidados
que, almas en pena deambulan,
vagabundos, espíritus tristes y lacrimosos.

Prefiero el lado oscuro de la luna,
la niebla y su caricia de mortaja
que gris, me toca...

Prefiero todo aquello que odias,
todo lo que te asusta,
lo que no comprendes,
lo que no concibes en tus ojos
ni en ese, tu corazón de piedra.

Prefiero esta orilla,
donde la arena es ciénaga
y el agua lágrimas,
donde nadie llega,
nadie...
ni siquiera el lejano rumor de tu voz
que insistentemente me llama.

Hijos de la noche

 Hijos de la noche somos,
despedazados por las garras del tiempo,
malheridos por el eco insoportable
de un silencio perpetuo,
resignados al veneno eterno
de una soledad, que implacable,
nos besa con sus labios muertos.
"Bienvenidos siempre a mi etéreo hogar de tinieblas, lóbrego lugar donde la letra oscura se desangra".
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