Amor vampírico: Maldita distancia

Te extraño ¡Vampiro mío!
Y maldigo al reloj homicida y alevoso
que nos ofrendó distancias
sepultando nuestros pasos,
que se tragó nuestras eternidades,
una a una y sin piedad,
como si de segundos miserables se tratase.

Amar era tan fácil...
vampiro mío,
en cada sombra,
en cada noche,
en cada gota bermellón
que sinuosa resbalaba de nuestras comisuras
y quedaba apresada por nuestro beso ennieblado;
¡Amar era...!

¿Dónde estás, dónde?

Enjambre de nocturnidades
que se marchitan, una tras otra,
en el abismo del tiempo,
entre lagunas de sangre...
muerta, seca.

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"Bienvenidos siempre a mi etéreo hogar de tinieblas, lóbrego lugar donde la letra oscura se desangra".
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