Descansa en paz

La casa habla,
la casa musita con su eco de escarcha
y me invita a dormir:
¡Descansa, descansa, descansa!

La casa se cubre de hiedra
y su murmullo me congela,
atraviesa mi mortaja,
se desliza entre mis huesos,
en la oquedad negra
que habita donde habitaban mis ojos,
y gime lastimera:
¡En paz, en paz, en paz!

Allá afuera,
una mano invisible deja una rosa blanca,
alguien llovizna sus lágrimas
sobre la puerta de la casa...
mi casa de soledad,
donde los muertos nos quedamos
y los vivos, de cuando en cuando
se acercan a llorar.

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"Bienvenidos siempre a mi etéreo hogar de tinieblas, lóbrego lugar donde la letra oscura se desangra".
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